Nos alojamos en el Hotel Nungwi (el nombre no está completo porque sus dueños son rusos y no quiero hacerles publicidad). Es un hotel pequeño que tiene, si no conté mal, 12 habitaciones. Nosotros estuvimos en la habitación estándar 12, enfrente del restaurante del hotel. El hotel lo lleva una familia rusa, Dasha y Maksym. Muy amables, siempre intentaban ayudar con cualquier cuestión sobre el hotel y más, pero vayamos por partes.
El check-in fue rápido, ya que llegamos al hotel hacia las 16–17 h. Nos recibieron los dueños y nos trajeron un welcome drink en forma de coco pequeño. Nos contaron dónde estaba cada cosa, nos enseñaron la habitación y nos dejaron descansar. La salida es a las 11:00; podéis dejar vuestras cosas en recepción y usar el aseo y la ducha comunes.
La habitación. Una habitación estándar en la planta baja con una pequeña terraza para relajarse y pasar las veladas. En la terraza, una mesita, 1 silla y un tendedero. La habitación es amplia; hay sitio para moverse y colocar las cosas a pesar de la enorme cama; hay algo parecido a un armario abierto hecho de madera y cuerdas, una mesa, una silla, aire acondicionado y ventilador de techo. En el baño: lavabo, 1 vaso, termo, inodoro y ducha con cortina; junto a la ducha, un dispensador, supongo que de gel, pero creo que ya se había estropeado, así que compramos jabón en una tienda, y el champú siempre lo llevamos nosotros… Las ventanas de arriba no tienen cristal, sino mosquitera. Y eso está bien, porque el agua que no se iba del todo por el desagüe del suelo de la ducha se secaba rápido. En las habitaciones deluxe, en comparación con las estándar, dicen que hay además nevera, caja fuerte y hervidor con set de té/café. Una neverita para tener un par de botellas de agua se echa mucho de menos en la habitación estándar. El aislamiento acústico es regular, pero las paredes no son de cartón como en algunos hoteles. Por la mañana se oyen las llamadas a la oración, pero no tan fuerte como alguien escribió en las opiniones. Hay algo de ruido de niños, porque al lado hay una escuela.
Internet. Internet haberlo, haylo, pero no lo hay. Como la marmota, que no se ve pero está. Eso sí, los dueños nos avisaron desde el principio: si solo usáis mensajería, bien; si necesitáis más, mejor comprad una SIM con 4G.
Los desayunos. Los desayunos del Hotel Nungwi son europeos y enormes. Sinceramente, no recuerdo hoteles en otros países donde, con desayunos servidos en mesa y no en bufé, me pusiera las botas y no pudiera terminar todo lo que me daban.
En el desayuno servían: zumo natural de mango, té o café (si sois 2 o más, podéis elegir té y café); el té lo sirven en tetera, y el café era soluble, en tarro, con una tetera de agua hirviendo (el café ☕️ está rico). Un plato de fruta: piña, sandía, mango y una 4.ª que alternaba entre plátano y maracuyá. Y el plato principal: huevos fritos o tortilla con verduras; salchichas, o dónuts, o tortitas con plátano, o shawarma, o triángulos de lavash fino; tostadas con mantequilla, o tomates, o una ensaladita. En general, todo esto puede variar. De sabor: el mango, para mi gusto, estuvo demasiado maduro durante todas las vacaciones, y las sandías no siempre eran dulces. El maracuyá era tan ácido que daba dentera. El plátano y la piña, ricos. Los huevos fritos, normales; la tortilla con verduras, insípida. Las tortitas y los dónuts, ricos y dulces, pero llenan mucho. Las salchichas, normales, pero comparadas con las turcas o las egipcias, son unas salchichas riquísimas. El café, aunque soluble, me gustó: no tiene comparación con nuestro café soluble, no amarga mucho, no es ácido, agradable. El té sabía a té negro normal.
El restaurante del hotel Hotel Nungwi. Durante la estancia pedimos un plato de santiaguiños por 50 000 chelines y sashimi de atún por 70 000 chelines. Los santiaguiños no estaban bien limpios, o tenían una especie de película oscura y amarga. De sabor me recordaron a los cangrejos tailandeses. En otro restaurante de la costa y en la excursión Safari Blue también sirvieron santiaguiños, y allí me gustaron más, pero no son lo mío (en cuanto al sabor en general). En la excursión a Prison Island sirvieron langostas normales, que me gustaron mucho más. En cambio, el sashimi de atún, que preparó en persona el dueño del hotel, Maksym, nos encantó. Riquísimo, fresquísimo: un atún tan fresco y tierno, que literalmente se deshace en la lengua, lo probé por primera vez en todos mis viajes. ¡En resumen, el sashimi de atún lo recomiendo sin dudarlo! Presentación: los santiaguiños se servían con guarnición a elegir de arroz o patatas fritas, una ensaladita y lima. El sashimi, con arroz, wasabi y jengibre. Las raciones, para nosotros, son para 2 personas y llenan mucho. El sashimi nos lo terminamos; el arroz ni lo probamos. La cola cuesta 2000 chelines, la cerveza 5000. Los huéspedes del hotel tienen un 10 % de descuento en todos los platos, salvo las bebidas.
El recinto. Nota del recinto: 4. El recinto es pequeño pero muy verde; a veces incluso hay que rodear las plantas para llegar a la habitación. En el recinto hay una ducha y un aseo comunes, el restaurante del hotel, el edificio principal con recepción y 2 edificios con habitaciones. En la terraza de la habitación no hay ventiladores y, por la estructura del hotel y la valla que lo rodea, prácticamente no corre nada de brisa, ni siquiera cuando hace viento, así que hay mucho bochorno. En la terraza también faltaba una segunda silla; tuvimos que sacar una de la habitación.
El servicio. La habitación la limpiaban a diario, y las toallas también las cambiaban casi a diario (hubo unos días en que se olvidaron). La ropa de cama la cambiaron 3 veces en 10 días. Limpiaban bien la habitación y barrían toda la arena que metíamos durante el día. También limpiaban la terraza de la habitación.
Los dueños nos dijeron que, si necesitábamos un desayuno temprano o tardío, avisáramos con antelación y estaría todo listo. Así que un día acordamos con Dasha que nos sirvieran el desayuno a las 7:20–7:30, pero el día señalado no lo vimos y solo recibimos un café a las 7:50, nos lo bebimos rápido y nos fuimos de excursión. La segunda vez intentamos acordar directamente con el camarero/barman del lugar que a las 7:30 nos trajera solo té/café, sin comida, y pasó lo mismo: a las 7:50 solo recibimos el café. En el desayuno todo va muy lento. Para recibir el desayuno completo, es de lo más normal estar sentado una hora esperando. El camarero/barman no da abasto con tanta gente; a la hora del desayuno le haría falta un ayudante. O, al menos, poner una mesa donde los propios huéspedes pudieran servirse té/café sin esperar media hora. Cada mesa está puesta para 4 personas, pero para el té/café traen un vaso con 1 cucharilla y 4–5 sobres de azúcar. Los cubiertos no siempre están limpios, sobre todo precisamente las cucharillas del té/café. Los últimos días se nos rompió la alcachofa de la ducha (empezó a gotear): todos reaccionaron muy rápido y pusieron una alcachofa totalmente nueva.
Otro pequeño defecto del camarero/barman: el cambio lo trae una vez sí y otra no. El primer día pedimos cerveza y cola (7000 chelines) y no nos trajo el cambio de 10 000; el segundo día lo trajo todo; el tercer día no trajo el cambio de 10 000 por una cerveza. En resumen, trae el cambio según le dé.
La ubicación. El hotel está en segunda línea; la playa más cercana está a 200–300 metros. Al lado, como ya he dicho, hay una escuela. Un poco más allá empiezan las tiendas: hay 3 «súper» mercados, como nuestras tiendecitas, una parada de taxis y 3 tiendas de alcohol. Y por todas partes restaurantitos y cafés, de los que escribiré en otro artículo. Punto en el mapa.
Otras alegrías del Hotel Nungwi. Por las noches viene al recinto un masái que lo vigila. En recepción hay una garrafa de agua purificada que podéis echar en vuestras botellas o beber allí mismo en vasos desechables. Si compráis fruta en el mercado, podéis dársela al camarero del hotel y os la cortarán de forma muy bonita.










































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